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miércoles, 15 de julio de 2009

ANELOS POR MDMORELF

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En la oscuridad de la noche brillaban los pequeños ojos de aquel felino, perezoso y gordo, le recordaba tiempos mejores.
Se mecía en su butaca, que rompía el silencio de las estrellas que la contemplaba, con un chirrido. La luna protagonista del firmamento hizo que volviera a escuchar las palabras que ya solo hacían eco en el ayer “mi vida esta condena a ser la tuya”.
De ponto unas lágrimas comenzaron a rodar por esos ojos que contaban mil y una batalla perdida resbalando por un rostro arrugado y lleno de cicatrices.
No podía olvidar sus ojos, aquellos ojos que iluminaban su mundo y que hacían olvidar las penas. Todo era posible junto a ella.
Ahora solo le quedaban imágenes que sucedían una tras otra en su cabeza como una película antigua, las únicas imágenes llena de color era la que hubiera deseado no recordar.
El iba conduciendo, la carretera estaba completamente despejada, el sol brillaba como nunca y el día parecías más hermoso que ningún otro. Por fin había aceptado ser su esposa. Eufóricos se dirigían a dar la nueva a la familia. La risa de ella era tan estridente que no podía pensar más que en como haría el resto de su vida para que esta permaneciera así.
Su rostro reflejaba el vigor de la juventud, y entre miradas llenas de complicidad se robaban pequeños besos. “Nada puede ser tan perfecto, ni siquiera los Ángeles del cielo” pensó el.
De pronto la sensación de que las ruedas se bloqueaban, el volante no retomaba la posición deseada, la risa de ella se transformo en un grito lleno de pavor. El cerro los ojos y cuando los volvió a abrir el coche estaba en la cuneta apoyado sobre el costado del conductor. Miro hacia el asiento que ocupaba ella, pero no estaba, la luna del cristal estaba roto y manchado de sangre.
Se desato como pudo y gritando el nombre de ella fue en su búsqueda, no tuvo que esforzarse demasiado a pocos metros del coche estaba tumbada, su vestido blanco ahora era rojo y su risa estridente se había convertido en un silencio mas ensordecedor si cabe.
Los ojos cansados del anciano se abrieron para contemplar el cielo unas palabras susurradas se escaparon de sus labios -¿cuándo me perdonaras?- los volvió a cerrar instantes después escucho respuesta a su pregunta –nada tengo que perdonarte- El anciano sonrió nunca mas los volvió a abrir.

Autor:M.D.MOREL F.

EL PIANISTA POR MDMORELF

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El PIANISTA


EL reloj marcaba más de la media noche, la sensación de haberla hecho suya era más que suficiente para no poder sacarla de sus pensamientos.


Miro a través de la ventana. La luz tenue de la luna permitía ver las primeras rosas que daban paso a la primavera, que traía la brisa fresca a aquel salón donde se haya su verdadera pasión.

Respiro profundamente llenando sus pulmones del aroma del roció de la noche "aroma de mujer" se dijo y a continuación se miro los pies descalzos.

Sólo llevaba el pantalón del pijama y tomo rumbo hacia el piano de cola blanco situado en el centro de la habitación. Lo rodeo acariciándolo, lo hacia siempre antes de tomar asiente frente a este, como si de un ritual de amor se tratara. Momentos después las teclas del piano comenzaron a sonar.

La habitación se lleno de las notas melancólicas que escondían un nombre, el nombre de ella.


Que permanecía mirando por la ranura de la puerta todo lo que allí estaba aconteciendo.


La postura erguida de él frene al piano, la estructura de su cuerpo que definía la presencia de un amante innato y la pasión que transmitía al acariciar las teclas del piano, le excitaba sobre manera.


Ella suspiero con todo el sentimiento oculto que guarda el corazón de una mujer enamorada.

El temor constante de no ser correspondida con la misma pasión que el componía era su tormento y no podía por más que tratar de olvidar que los momentos que estaba viviendo junto a él sólo era un acuerdo comercial establecido por mutuo acuerdo. Él necesitaba una imagen social, ella huía de la soledad. Pero tras varios años de matrimonio se cuestionaba si aquella fue la decisión más sensata para ambos, cuando lo miraba a escondidas junto a lo que parecía ser su gran rival, la música.

El piano dejo de sonar, ella dio varios paso hacia atrás, hasta quedar a la altura de la pared del pasillo y cuando volvió a escuchar las teclas sonar dejo que su cuerpo se deslizara hasta llegar al suelo, abrazando sus pierna flexionadas, apoyo su mejilla derecha en las rodillas, de sus ojos comenzaron a brotar lágrimas. Aquel iba a ser el último concierto y él aun no lo sabia.


El reloj hacia llamamiento a las dos de la madrugada y los ojos de ella seguían inundando de lágrimas. Se puso en pie y comenzó a caminar hacia la puerta dejando caer una carta donde únicamente ponía "LO SIENTO"


La música seguía sonando, él no era consciente de lo que estaba sucediendo fuera de las paredes de la habitación, de haberlo sabido jamás lo hubiera consentido.


Puesto que lo que ella nunca supo fue que su pasión por la música no podía ser comparada con la pasión que sentía por ella y la única forma que tenia de demostrar ese amor era a través de las notas que emanaban de su piano, que revelaban la promesa de un amor eterno.

Nunca más se volvieron a ver. Si él se lo hubiera dicho, si ella hubiera sabido escuchar las notas del piano, ¿Qué hubiera ocurrido?

Autor:M.D.MOREL.F.